¿Qué ven cuando no miramos? Porno: la otra escuela

Este verano estuve con unos amigos hablando de los niños de ahora, adolescentes, el temón de las redes sociales, etc., y entonces una comentó «a mí lo que de verdad me preocupa es lo del porno». Nos recomendó ver Generación Porno (una docuserie de Prime Video que muestra testimonios reales de familias españolas) y dio unos datos escalofriantes «Creo que todo el mundo debería verla, aunque sea dura» añadió.

Ahora soy yo la que recomienda encarecidamente a todo el mundo que la vea o que se informen del tema.

Qué está pasando
La edad de inicio es cada vez más temprana.

Si hace unos años hablábamos de los 14 años, hoy las cifras han caído drásticamente. Los estudios más recientes de 2024 y 2025 (como los de la UOC y el Ministerio de Igualdad) sitúan la media de inicio entre los 10 y 11 años. Esto es una barbaridad, ¿Tenéis cerca niños de esta edad? ¿os lo imagináis?

Muchos menores entran por primera vez de forma involuntaria (pop-ups, enlaces en redes sociales o videojuegos), pero el algoritmo los fideliza rápidamente. Son carne de cañón, el blanco perfecto para la industria pornográfica que gracias a estos niños y su fidelización ingresarán dinero con la publicidad, con los que se suscriban a opciones premium, con las industrias asociadas (casas de apuestas, de citas, aplicaciones…), etc.

Un 20% de los adolescentes (¡uno de cada cinco!) españoles ha consumido pornografía antes de los 10 años.

Se está normalizando la violencia

La serie destaca que el 88% de los vídeos porno más vistos contienen violencia física o verbal (bofetadas, insultos, asfixia). Los jóvenes están aprendiendo que la excitación va ligada a la agresión. 

Me llamó la atención el testimonio (por poner un ejemplo de tropecientosmil) de la dueña de una tienda de juguetes eróticos. Esta mujer contaba cómo las chavalas se le acercan pidiendo sprays anestésicos para la garganta. Buscan anular el reflejo de náusea (arcada) durante el sexo oral.

En lugar de no metértela tan al fondo para que no te den arcadas y probar otras maneras de disfrutar haciendo una felación (voy a ser fina) o de parar y no hacerlo porque no te gusta, porque te está dando asco, porque te es desagradable, ahora hay muchas jóvenes (y seguro que no tan jóvenes también) que han normalizado que su propio dolor o malestar físico es como un obstáculo, algo que deben evitar para cumplir con el estándar del porno y satisfacer al chaval de turno. 

Un cuerpo sano perfectamente preparado para sentir placer y evitar dolor se convierte en una herramienta que debe ser «reparada» o «anestesiada» para el disfrute ajeno.

No solo me entristece y me preocupa la situación de las chicas, que son las que peor paradas salen con todo esto sin duda, también me da pena lo que se pierden los chicos, porque ver a una compañera sexual realmente excitada, realmente cachonda, es una experiencia que les haría flipar y eso no lo conocen. Se excitan mucho, se corren, pero no tiene punto de comparación con el baile compartido de dos personas excitándose mucho a la vez  dándose placer mutuamente, no se llega a la misma dimensión del placer y eso se lo pierden ellas y se lo pierden ellos.

El porno es su escuela de sexo

Ante la ausencia de conversaciones naturales y profundas sobre sexo en la familia, con padres, tías, hermanos mayores, que cuenten sus vivencias, que aclaren dudas, que hablen de sexo real no de ficción… y la falta de una educación sexual reglada más a fondo que no se quede en las ETS o en cómo poner un condón en un plátano, el porno se convierte en el único referente.

La industria pornográfica es donde acuden a informarse y entender qué es el sexo. Confunden un espectáculo de ficción (machista y violento) con un manual de instrucciones. Éste es el drama. Un adulto puede consumir pornografía sabiendo que no es real, que esos tamaños son excepciones y que las escenas sexuales son tan falsas como las escenas de persecuciones de coches. Que es cine, que no representa la realidad. Pero un niño de 10 años que se encuentra eso no distingue, no está preparado para procesar lo que ve ni tiene información para saber discernir ficción de realidad. Y crecen con esos referentes, se informan ahí, aprenden ahí y ese ahí es un océano en el que entran sin saber nadar.

El control parental no está funcionando

La serie evidencia una desconexión profunda: mientras los padres y madres creen que sus hijos están jugando a la consola o viendo videos de youtube, muchos de ellos están accediendo a contenido extremo a solo un clic.

La mayoría de los adultos confiamos en aplicaciones y filtros (y a veces estamos tan cansados que no nos da tiempo a pensar mucho más, si parecen tranquilos aprovechamos para descansar o para hacer cosas pendientes) pero la realidad es que existe una brecha de competencia digital enorme. 

  • VPNs: Usan herramientas como ésta que saltan las restricciones geográficas y los filtros del router doméstico
  • Navegadores «fantasma»: Utilizan navegadores secundarios que no están monitorizados por las apps de control
  • Tutoriales en redes sociales: En plataformas como TikTok o YouTube, los propios jóvenes comparten «hacks» rápidos para desactivar limitaciones de tiempo de pantalla o saltar bloqueos de contenido de forma sencilla.
El control parental es una ayuda, pero nunca una solución definitiva. Como bien señala la serie, el mejor filtro es la conciencia del menor. Si el niño quiere entrar, encontrará la forma; por eso es más efectivo educar la mirada que intentar bloquear internet por completo.
Pero claro, para eso hay que hablar de sexo antes de que se lo encuentren y eso es algo que no se nos pasa por la cabeza, que no lo vemos natural. Pero a día de hoy o lo hacemos nosotros, las familias, el entorno, la escuela… o lo hace el porno. 
 
Consecuencias psicológicas

Esto daría para un doctorado así que voy a nombrar algunas de las principales consecuencias psicológicas a las que se enfrentan los menores que desarrollan adicción al porno y muchos consumidores habituales (aunque no estén «enganchados»)

Ansiedad y «Niebla Mental», un estado de alerta constante por el secreto y la culpa, dificultades para concentrarse en los estudios o tareas cotidianas.

Depresión y desgana. Como los receptores de dopamina están «dañados», las actividades normales de la vida (estar con amigos, practicar deporte, leer) dejan de producir placer. Esto se conoce como anhedonia, un síntoma nuclear de la depresión. El mundo real parece «gris» comparado con el brillo artificial del porno.

Ansiedad de rendimiento y disfunción en las relaciones sexuales: Muchos jóvenes desarrollan Disfunción Eréctil Inducida por Pornografía. Su cerebro se ha condicionado a excitarse solo con píxeles y cambios rápidos de escena, por lo que, ante una pareja real, el sistema colapsa al no encontrar el mismo nivel de estímulo visual extremo. Además sienten una gran ansiedad cuando su experiencia no tiene nada que ver con lo que ven. Los varones siempre han tenido más o menos cierta presión por cumplir, dar la talla y estas mierdas que se dicen, pues bien, ahora multiplicado por mil. Y se mueren de miedo por lo que se pueda comentar de ellos.

Distorsión de la empatía, el porno pone a la mujer como un objeto, como alguien que está ahí para usarla y ya está. Eso hace que muchos chavales dejen de ver a la otra persona como alguien con necesidades y sentimientos y empiecen a entender las relaciones como “yo quiero esto y tú me lo das”, no como algo compartido de verdad.

Podría seguir compartiendo datos y reflexiones de la serie porque, aunque para mi gusto tiene un punto sensacionalista (muy en la línea de Equipo de Investigación para enganchar), no tiene desperdicio. Además, pasado el primer impacto, los capítulos tercero y cuarto hablan de qué se puede hacer, dan herramientas y, por suerte, dejan algo de esperanza.

Pero lo dejo aquí, que no quiero alargarme más. Si has llegado hasta el final, gracias de verdad.

Tenemos que espabilar. Esto está pasando, ya está aquí, y si no tomamos conciencia ahora, lo que viene no es menor. Yo empiezo a verlo cada vez más en consulta, y seguro que volveré a hablar de ello en próximas entradas.

 
Y si esto te toca de cerca, pide ayuda. Hay profesionales y no tienes por qué pasar por esto sol@.

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