Acompañar a alguien en su duelo implica saber escuchar, respetar los tiempos y ofrecer gestos de cuidado simples y auténticos cuando más se necesitan. Cada persona vive el duelo de una forma distinta, y lo que más ayuda no siempre son las palabras, sino la presencia y la comprensión.
Veamos algunas formas concretas de acompañar a alguien en este proceso.
1. Presencia y escucha activa
Cuando María perdió a su marido hace dos años, muchos amigos la llamaban, con todo el cariño del mundo, para tratar de animarla. Sin embargo, lo que más le ayudó fue una vecina que se sentaba con ella en silencio a tomar un café. No intentaba animarla ni darle consejos: simplemente estaba ahí, escuchando cuando María necesitaba hablar, y callando cuando las palabras no alcanzaban.
A veces, nuestro silencio puede ser más reconfortante que cualquier discurso. La escucha activa —esa en la que prestamos atención sin interrumpir, sin juzgar y sin necesidad de ofrecer soluciones— es uno de los mayores regalos que podemos dar. Permite que la persona doliente (la que está en duelo) sienta que su experiencia tiene un lugar y un sentido, que puede estar tal y cómo está.
2. Evitar clichés y frases hechas
Cuando alguien sufre, solemos sentir la necesidad de decir algo que alivie, queremos dar esperanza, infundir valor o aunque sea, distraer a la persona. Sin embargo, frases como “Sé fuerte”, “Ya está en un lugar mejor” o “Todo pasa por algo” pueden causar más dolor que consuelo.
Pedro perdió a su madre y escuchó durante semanas que “ella no querría verlo triste”. Él, en cambio, necesitaba permiso para estar triste, para llorar y sentirse frágil. Además de sentirse triste, se sentía culpable por estar triste, como si estuviera haciendo algo mal. Lo que más le ayudó fue un amigo que le dijo: “No me imagino lo que debes estar pasando, lo siento mucho, si necesitas cualquier cosa, hablar, compañía, que te ayude con algo… estoy aquí contigo”
Evitar los clichés y validar las emociones es clave. Un simple “Entiendo que esto debe ser muy difícil” o “Estoy aquí para ti” puede tener mucho más poder que cualquier intento de consolar desde la razón.
3. Respetar el ritmo y el proceso de cada uno
Cada duelo tiene su propio tiempo. No hay plazos para dejar de llorar, para “seguir adelante” o para volver a reír. Depende de muchos factores como pueden ser la historia de pérdidas, el vínculo con la persona fallecida o el momento vital y personal, por nombrar algunos.
Lucía perdió a su hermano y, un año y medio después, aún se sentía culpable por no haber recuperado del todo la alegría. Su entorno le repetía que “ya era hora de pasar página”. Pero cuando alguien finalmente le dijo: “No pasa nada si todavía te duele, cada persona tiene su ritmo”, sintió alivio.
Respetar el proceso sin presionar a la persona a “superarlo” es fundamental. El duelo no se supera, se atraviesa, y en ese atravesar hay altibajos, pausas y regresos. Acompañar es aceptar esos tiempos sin juzgar.
4. Ofrecer apoyo práctico
Durante el duelo, incluso las tareas más simples pueden volverse abrumadoras. Cocinar, hacer la compra o responder mensajes puede parecer imposible cuando no tienes ganas de nada, o cuando estás en shock. La mente y el corazón están en otro lugar.
Ana, que perdió a su madre, contaba que lo que más agradeció no fueron las palabras, sino que su amiga le preparara una sopa y le llevara flores un domingo cualquiera. Los gestos cotidianos de cuidado —acompañar al médico, cuidar a los hijos unas horas o simplemente estar disponible— ayudan a la persona a sentirse sostenida.
A veces, un acto concreto vale más que mil palabras.
5. Cuidar de uno mismo también es importante
Acompañar a alguien en su dolor puede remover el propio. Escuchar, sostener y estar presente es emocionalmente exigente. Esto nos puede desgastar de manera que nuestra capacidad de ayuda se reduzca. No puedo transmitir calma si no la tengo, no puedo ofrecer sostén si estoy que me caigo.
Por eso, es importante practicar el autocuidado: tomarse un respiro, hablar con alguien de confianza, o simplemente reconocer cuándo uno/a necesita descansar. No se trata de retirarse, sino de cuidar la propia energía para poder estar de verdad disponible.
Como dice una frase sencilla pero profunda: no se puede dar de un pozo vacío.
Esto se hace aun más importante si la pérdida también te ha afectado a ti.
Estas son solo algunas formas de acompañar el duelo de manera respetuosa y consciente.
Acompañar no significa tener respuestas, sino atreverse a estar presente en la incertidumbre del otro.
Cada gesto de empatía, cada silencio compartido, cada mirada que dice “te entiendo” puede transformar el dolor en un momento de conexión y humanidad compartida.