Acompañar a alguien en su duelo a muchos nos bloquea lo podemos vivir como una situación antinatural, forzada o incómoda y a menudo porque no sabemos qué hacer. No estamos acostumbrados a la muerte, a hablar de ella, a verla de cerca. Ya no velamos a los muertos en las casas, no preparamos nuestras mortajas. Llegamos a evitar hasta nombrarla diciendo cosas como ya no está o se ha ido. Y la tendencia automática de la mayoría, de nuestra sociedad, es la de querer animar, transmitir fuerza, distraer, lo que sea antes que contemplar el dolor y sostenerlo.
No hay consuelo posible, pero sí podemos acompañar, podemos escuchar, respetar los tiempos y ofrecer gestos de cuidado simples cuando más se necesitan. Cada persona vive el duelo de una forma distinta, y lo que más ayuda no siempre son las palabras, sino la presencia y la comprensión.
Aquí van cinco claves que te ayudarán a acompañar en una situación así:
1. Presencia y escucha activa
Cuando María perdió a su marido hace dos años, muchos amigos la llamaban, con todo el cariño del mundo, para tratar de animarla. Sin embargo, lo que más le ayudó fue una vecina de toda la vida con la que acostumbraba a tomar café que se sentaba con ella en silencio. No intentaba animarla ni darle consejos, simplemente estaba ahí, escuchando cuando María necesitaba hablar, y callando cuando veía que no había ganas ni ánimo.
Nuestro silencio puede ser más reconfortante que cualquier discurso. La escucha activa —esa en la que prestamos atención sin interrumpir, sin juzgar y sin necesidad de ofrecer soluciones— es uno de los mayores regalos que podemos ofrecer. Permite que la persona doliente (la que está en duelo) sienta que su experiencia tiene un lugar y un sentido, que puede estar tal y cómo está.
2. Evitar clichés y frases hechas
Cuando alguien sufre, solemos sentir la necesidad de decir algo que alivie, queremos dar esperanza, infundir valor o aunque sea, distraer a la persona. Sin embargo, frases como “Sé fuerte”, “Ya está en un lugar mejor” o “Todo pasa por algo” pueden causar más dolor que consuelo.
Pedro perdió a su madre y escuchó durante semanas que “ella no querría verlo triste”. Pero es que él estaba triste, tristísimo y necesitaba permiso para llorar y sentirse frágil, porque además de sentirse triste, se sentía culpable, como si estuviera haciendo algo mal. Recuerda con mucho cariño y alivio a un amigo que le dijo: “No me imagino lo que debes estar pasando Pedro, lo siento mucho, si necesitas cualquier cosa, hablar, compañía, que te ayude con algo… estoy aquí contigo”
Evitar los clichés y validar las emociones es clave. Un simple “Entiendo que esto debe ser muy difícil” o “Estoy aquí para ti” puede tener mucho más poder que cualquier intento de consolar desde la razón.
3. Respetar el ritmo y el proceso de cada uno
Cada duelo tiene su propio tiempo. No hay plazos para dejar de llorar, para “seguir adelante” o para volver a reír. Depende de muchos factores como pueden ser la historia de pérdidas, el vínculo con la persona fallecida o el momento vital y personal, por nombrar algunos.
Lucía perdió a su hermano y, un año y medio después, aún se sentía culpable por no haber recuperado del todo la alegría. Estaba hasta el mismísimo de escuchar que “ya era hora de pasar página”. Hasta que un día, no sabe dónde, leyó: “No pasa nada si todavía te duele, cada persona tiene su ritmo”… Sintió un gran alivio.
Respetar el proceso sin presionar a la persona a “superarlo” es fundamental. El duelo no se supera, se atraviesa, y en ese atravesar hay altibajos, pausas y regresos. Acompañar es aceptar esos tiempos sin juzgar.
4. Ofrecer apoyo práctico
Durante el duelo, incluso las tareas más simples pueden volverse abrumadoras. Cocinar, hacer la compra o responder mensajes puede parecer imposible cuando no tienes ganas de nada, o cuando estás en shock. La mente y el corazón están en otro lugar.
Ana, que perdió a su madre, contaba que lo que más agradeció fue que su amiga le preparara una sopa o le llevara una tartera con croquetas. Los gestos cotidianos de cuidado —acompañar al médico, cuidar a los hijos unas horas o simplemente estar disponible— ayudan a la persona a sentirse sostenida.
Son estas cosas, en apariencia pequeñas, las que pueden suponer mucho y en cualquier caso siempre es un mimo.
5. Cuidar de uno mismo también es importante
Acompañar a alguien en su dolor puede remover el propio. Escuchar, sostener y estar presente es emocionalmente exigente. Esto nos puede desgastar de manera que nuestra capacidad de ayuda se reduzca.
No puedo transmitir calma si no la tengo, no puedo ofrecer sostén si estoy que me caigo.
Por eso, es importante practicar el autocuidado: tomarnos un respiro, hablar con alguien de confianza, reconocer cuándo necesitamos descansar. Necesitamos cuidar nuestra energía para poder estar de verdad disponible. No se puede dar de un pozo vacío.
Esto se hace aun más importante si la pérdida también te ha afectado a ti.
Estas son solo algunas formas de acompañar el duelo de manera respetuosa y consciente.
Como ves no se trata tanto de consolar o tener respuestas, sino de estar presente o disponible en el dolor y en la incertidumbre del otro.